domingo, 15 de octubre de 2017

Dos presos peligrosos recién fugados echan por tierra la opinión personal de Francisco, contraria a las Sagradas Escrituras y al Magisterio de la Iglesia, de que la pena de muerte es siempre "inadmisible" y contraria al Evangelio

Dos presos peligrosos recién fugados han echado por tierra la opinión personal de Francisco -contraria a las Sagradas Escrituras y al Magisterio de la Iglesia, incluyendo los escritos de varios Santos y Doctores de la Iglesia, así como la de al menos dos Concilios Ecuménicos Dogmáticos-, de que la pena de muerte es siempre "inadmisible".

La policía italiana acaba de hacer público un suceso que se produjo hace dos semanas, el pasado domingo 1 de octubre. Ese día, dos de los veinte presos invitados a compartir con Francisco un almuerzo, consistente en lasaña y costilleta, en la iglesia de San Petronio de Bolonia (Italia) -profanación aparte-, aprovecharon el festín para escaparse. Se trata de dos napolitanos clasificados como "socialmente peligrosos", que estaban a cargo del capellán de la Casa de Trabajo y Reclusión de Castelfranco-Emilia, un centro de rehabilitación al final de las condenas, que cuenta con una sección para drogadictos y otra para presos socialmente peligrosos -los sociópatas son personas que no muestran empatía por otros, ni remordimientos por sus acciones-.

El referido capellán era el responsable de llevar a los veinte presos a participar en la cuchipanda en el interior del templo, con ayuda de algunos voluntarios que colaboran en programas de rehabilitación. Tras su llegada en el autobús y tras participar "devotamente" en el rezo del Ángelus previo a la comilona, estos dos presos decidieron que era el momento de poner pies en polvorosa. Al sentarse a la mesa, los responsables se dieron cuenta de que quedaban libres dos sillas. Faltaban los dos napolitanos "socialmente peligrosos", que ya son libres para cometer cualquier delito -incluyendo maltratos, violaciones o asesinatos, si les apetece-, gracias a la generosa y misericordiosa invitación de Francisco para profanar reutilizar la iglesia de San Petronio celebrando una francachela en su interior.

Este suceso es uno de los que, en la práctica -la teoría es muy bonita, pero la realidad es muy tozuda-, pone en solfa las recientes afirmaciones de Francisco, en las que expresaba su opinión personal -totalmente opuesta a las Sagradas Escrituras y al Magisterio de la Iglesia, incluyendo lo enseñado por los Apóstoles, Doctores de la Iglesia, los dos últimos Concilios Ecuménicos Dogmáticos y todos los Papas anteriores a él-, de que la pena de muerte es siempre "inadmisible". Dicha opinión la expresó el pasado miércoles 11 de octubre, durante un discurso sobre la pena de muerte en un encuentro organizado por el Pontificio Consejo para la Promoción de la Nueva Evangelización, con motivo del XXV Aniversario de la publicación del Catecismo de la Iglesia Católica en 1992.

Lo grave de dichas palabras, aparte de la ya acostumbrada y frecuente manipulación o tergiversación a la que suele recurrir Francisco para justificar sus ideas personales en aquellas ocasiones en que éstas son claramente incompatibles con las Sagradas Escrituras, la Doctrina o el Magisterio de la Iglesia, radica en el hecho de que esta vez ha cargado contra toda la Iglesia anterior a él, al tratar de justificar que Ésta se ha equivocado durante más de dos mil años y que el acertado es él. ¿Cuál es su argumento? ¡Que la doctrina progresa! Eufemismo empleado para reconocer que trata, simple y llanamente, de cambiar la doctrina, para lo cual carece de toda potestad, aparte de que el aludido "progreso" de la doctrina al que se refiere Francisco está solemnemente condenado por el Sacrosanto y Ecuménico Concilio Vaticano I.

En el discurso, transcrito íntegramente en español en la página web oficial de la Santa Sede (puede leerse aquí), Francisco ha afirmado:

Esta cuestión no se puede reducir al mero recuerdo de un principio histórico, sin tener en cuenta no sólo el progreso de la doctrina llevado a cabo por los últimos Pontífices, sino también el cambio en la conciencia del pueblo cristiano, que rechaza una actitud complaciente con respecto a una pena que menoscaba gravemente la dignidad humana. Hay que afirmar de manera rotunda que la condena a muerte, en cualquier circunstancia, es una medida inhumana que humilla la dignidad de la persona. Es en sí misma contraria al Evangelio porque con ella se decide suprimir voluntariamente una vida humana, que es siempre sagrada a los ojos del Creador y de la que sólo Dios puede ser, en última instancia, su único juez y garante.

[Y tras citarse a sí mismo, en unas palabras pronunciadas en 2015, continúa]:

Por tanto, a nadie se le puede quitar la vida ni la posibilidad de una redención moral y existencial que redunde en favor de la comunidad.

En los siglos pasados, cuando no se tenían muchos instrumentos de defensa y la madurez social todavía no se había desarrollado de manera positiva, el recurso a la pena de muerte se presentaba como una consecuencia lógica de la necesaria aplicación de la justicia. Lamentablemente, también en el Estado Pontificio se acudió a este medio extremo e inhumano, descuidando el primado de la misericordia sobre la justicia. Asumimos la responsabilidad por el pasado, y reconocemos que estos medios fueron impuestos por una mentalidad más legalista que cristiana. La preocupación por conservar íntegros el poder y las riquezas materiales condujo a sobrestimar el valor de la ley, impidiendo una comprensión más profunda del Evangelio. Sin embargo, permanecer hoy neutrales ante las nuevas exigencias de una reafirmación de la dignidad de la persona nos haría aún más culpables.

Es curioso que el clero "progresista", al que evidentemente pertenece el actual ocupante de la cátedra de San Pedro, cuando se trata del plano meramente material suele anteponer la justicia a la misericordia -por ejemplo, exigiendo "justicia" social y "derechos" y rechazando la simple y cristiana caridad, en la que no se ama al prójimo porque éste se lo merezca, sino por amor a Dios-; pero si se trata de la salvación o condenación eterna de las almas suele hacer justo lo contrario: anteponer -cuando no contraponer- la misericordia a la justicia -como si fueran incompatibles-, presentando una caricatura de Dios, como si Éste fuera un simpático abuelito que malcría a sus nietos consintiéndoles todo, premiándoles siempre y perdonándoles todo, aunque no se arrepientan, ni se corrijan e incluso ni siquiera pidan perdón cuando cometen maldades. Ese dios injusto es incompatible con lo que Dios ha expresado sobre Sí mismo a lo largo de toda la Revelación y que la Iglesia ha transmitido durante más de dos milenios a través de la Sagrada Tradición y el Magisterio de la Iglesia.

Las infumables palabras de Francisco, además de versar sobre un tema del que carece doblemente de potestad -por un lado, es el poder civil, como ha sido siempre, el que decide si sus leyes o códigos penales incluyen o no la pena capital; y, por otro, Francisco no puede cambiar el Magisterio de la Iglesia-, tratan de engañar a los incautos presentando un "progreso" de la doctrina en el Magisterio de los últimos Papas, cuando tal cosa es falsa: San Juan Pablo II sostuvo y expuso el Magisterio que la Iglesia ha enseñado siempre y que permite la pena de muerte en determinadas circunstancias, como se puede comprobar en el Catecismo de la Iglesia Católica que él mismo promulgó. El "progreso" sugerido no fue el paso de la aceptación de la pena de muerte a su condena por parte de la Iglesia o del mismo San Juan Pablo II, sino la mejora en las condiciones de retención de los reos que han cometido crímenes execrables: actualmente, sostenía San Juan Pablo II, pueden darse las condiciones que hagan innecesaria -no que sea inadmisible o inmoral- el recurso a la pena de muerte. En realidad, las palabras del Papa Wojtyła fueron bien claras, aunque más teóricas que prácticas, como se comprueba por los dos presos fugados recientemente o el caso del Capo Guzmán -que además de haber podido escapar, desde la misma cárcel dirigía sus negocios de narcotráfico y podía mandar asesinar a muchas personas-, ejemplo que ya di como respuesta a un comentario en la entrada "El Papa Francisco nuevamente contra el Catecismo de la Iglesia Católica y el Magisterio bimilenario: esta vez a cuenta de la pena de muerte".

Es totalmente deshonesto presentar como "en línea" con lo dicho por Papas anteriores lo que, en realidad, es precisamente lo contrario y una clara ruptura con lo que dichos Papas han enseñado. Esto también lo hemos visto a propósito de "Amoris laetitia", documento en el que, de forma totalmente torticera, se tergiversa el Magisterio pontificio precedente o lo dicho por Santo Tomás de Aquino, para defender justo lo contrario. Y ello, sacando frases de contexto, cuando no cambiándolas directamente, o recortando textos, para poder reinterpretarlos de tal forma que parezca que dicen justo lo contrario de lo que realmente dicen.

Pero el colmo de la deshonestidad se produce cuando, más adelante, se atreve a afirmar, citando a continuación a San Vicente de Lérins -que más que ayudarle en su defensa, evidencia su manipulación-, lo siguiente:

El desarrollo armónico de la doctrina, sin embargo, requiere que se deje de sostener afirmaciones en favor de argumentos que ahora son vistos como definitivamente contrarios a la nueva comprensión de la verdad cristiana. Además, como ya mencionaba san Vicente de Lerins...

Tal afirmación está condenada con anatema por el Sacrosanto y Ecuménico Concilio Vaticano I (dogmático). Aquí no existe ninguna "nueva comprensión" de la verdad cristiana, sino un burdo intento de cambiar lo que la Iglesia siempre ha enseñado y los cristianos siempre han creído.

Ya expuse ésto mismo el pasado 8 de abril de 2016, cuando, con motivo de la presentación de "Amoris laetitia" en una conferencia dada en el Aula Juan Pablo II de la Sala Stampa de la Santa Sede por los cardenales Lorenzo Baldisseri, secretario general del infausto sínodo de la familia, y Christoph Schönborn, arzobispo de Viena, éste último, en la sesión de preguntas y respuestas, además de citar torticeramente a varios Papas postconciliares -por lo visto, no hubo otros antes, y si los hubo, mejor olvidarlos-, fundamentalmente a San Juan Pablo II y a S. S. Benedicto XVI, para justificar la comunión de los adúlteros -algo que ambos Papas jamás consideraron permisible-, repitió en varias ocasiones la idea, no católica, del "desarrollo orgánico de la doctrina", algo condenado, como ya he dicho, explícita y solemnemente por el Concilio Vaticano I, que en la Constitución dogmática «Filius Dei» sobre la Fe Católica define lo siguiente:

"Así pues, la doctrina de la fe que Dios ha revelado es propuesta no como un descubrimiento filosófico que puede ser perfeccionado por la inteligencia humana, sino como un depósito divino confiado a la esposa de Cristo para ser fielmente protegido e infaliblemente promulgado. De ahí que también hay que mantener siempre el sentido de los dogmas sagrados que una vez declaró la Santa Madre Iglesia, y no se debe nunca abandonar bajo el pretexto o en nombre de un entendimiento más profundo. «Que el entendimiento, el conocimiento y la sabiduría crezcan con el correr de las épocas y los siglos, y que florezcan grandes y vigorosos, en cada uno y en todos, en cada individuo y en toda la Iglesia: pero esto sólo de manera apropiada, esto es, en la misma doctrina, el mismo sentido y el mismo entendimiento»".

En el Canon III del mencionado capítulo IV "Sobre la fe y la razón", se condena solemnemente:

"Si alguno dijere que es posible que en algún momento, dado el avance del conocimiento, pueda asignarse a los dogmas propuestos por la Iglesia un sentido distinto de aquel que la misma Iglesia ha entendido y entiende: sea anatema".

Pero, a pesar de ello, a Francisco le da igual y, poniéndose el mundo por montera, ya en la introducción de "Amoris laetitia" hablaba de "profundizar cuestiones doctrinales y morales" o de "reflexión creativa de los pastores y teólogos para encontrar mayor claridad", en vez de decir claramente "cambiar la doctrina y la moral católicas". Como ya expliqué en otra entrada (ver aquí), los dogmas no "evolucionan", ni existe -como lo expresó el Cardenal Schönborn en la presentación del documento antes referida-, ningún "desarrollo orgánico de la doctrina". Tal subterfugio, por parte de quienes pretenden cambiar la Doctrina y la Moral de la Iglesia con la excusa de una "profundización" o "comprensión mayor" a lo largo del tiempo, para hacerla decir lo contrario de como siempre lo ha entendido la Iglesia, está explícitamente condenado en el Canon III del capítulo IV, "Sobre la fe y la razón", de la Constitución dogmática del Concilio Vaticano I «Filius Dei» sobre la Fe Católica, como ya he señalado.

A pesar de ello, Francisco no ha tenido reparo alguno en sostener que "en la Iglesia es necesaria una unidad de doctrina y de praxis, pero ello no impide que subsistan diferentes maneras de interpretar algunos aspectos de la doctrina o algunas consecuencias que se derivan de ella". Es decir, que puedan "interpretarse" de forma diferente a como siempre lo ha hecho la Iglesia. Exactamente lo que el Concilio Vaticano I condenó solemnemente. Y a continuación lo reitera, afirmando que "esto sucederá hasta que el Espíritu nos lleve a la verdad completa" -idea que vuelve a repetir en el discurso objeto de esta entrada-, como si la Iglesia llevara dos mil años conociendo sólo la verdad a medias o, lo que es peor, malinterpretándola y enseñando falsedades. Como puede verse, esta idea se opone frontalmente a lo que siempre ha creído y enseñado la Iglesia Católica.

Resulta, pues, sorprendente, que recurra precisamente a San Vicente de Lérins para sostener algo contrario a lo que la Iglesia ha creído y enseñado siempre, pues es a este Santo a quien debemos la más conocida cita sobre la inmutabilidad de lo que la Iglesia cree y enseña:

Sostenemos la fe que ha sido creída en todas partes, siempre, por todos
(QVOD VBIQVE QVOD SEMPER QVOD AB OMNIBVS CREDITVM EST)

Es decir, la verdad católica básica que legitima el desarrollo de la doctrina católica deja intacta "la misma doctrina, el mismo sentido y la misma interpretación", exactamente como afirmó el Concilio Vaticano I, que condena justamente lo contrario en el ya mencionado Canon III del capítulo IV, "Sobre la fe y la razón", de la Constitución Dogmática del Concilio Vaticano I «Filius Dei» sobre la Fe Católica.

Centrándonos en el tema que nos ocupa, la pena de muerte, y dejando de lado las prescripciones del Antiguo Testamento sobre la misma, veamos lo que el Evangelio y el Magisterio de la Iglesia ha dicho sobre este tema a lo largo de los más de dos mil años de Historia de la Iglesia:

Santos Evangelios:

“Pero el otro [malhechor] le respondió diciendo: «¿Es que no temes a Dios, tú que sufres la misma condena? Y nosotros la sufrimos con razón, porque nos lo hemos merecido con nuestros hechos; en cambio, este nada malo ha hecho.» Y decía: «Jesús, acuérdate de mí cuando llegues a tu Reino». Jesús le dijo: «Yo te aseguro: hoy estarás conmigo en el Paraíso” (Lc 23,40-43)

“Si he cometido alguna injusticia o crimen digno de muerte, no rehuso morir” (Hch 25,11)

“Sométanse todos a las autoridades constituidas, pues no hay autoridad que no provenga de Dios, y las que existen, por Dios han sido constituidas. De modo que, quien se opone a la autoridad, se rebela contra el orden divino, y los rebeldes se atraerán sobre sí mismos la condenación. En efecto, los magistrados no son de temer cuando se obra el bien, sino cuando se obra el mal. ¿Quieres no temer a la autoridad? Obra el bien, y obtiendrás de ella elogios, pues la autoridad es para ti un servidor de Dios para el bien. Pero, si obras el mal, teme: pues no en vano lleva espada: pues es un servidor de Dios para hacer justicia y castigar al que obra el mal (Rm 13,1-4)

San Clemente de Alejandría:

“Por la salud del cuerpo soportamos hacernos amputar y cauterizar, y aquel que suministra estos remedios es llamado médico, salvador; él amputa algunas partes del cuerpo para que no se enfermen las partes sanas; no es por rencor o maldad hacia el paciente sino según la razón del arte que le sugiere y nadie, por lo tanto, acusaría de maldad al médico por su arte. […] Cuando [la ley] ve a alguien de tal modo que parezca incurable, viéndolo ir por el camino de la extrema injusticia, entonces se preocupa de los otros para que no vayan a la perdición por obra de aquel, y como cortando una parte del cuerpo entero lo manda a la muerte (Stromata)

San Agustín (Doctor de la Iglesia):

“Hay algunas excepciones, sin embargo, a la prohibición de no matar, señaladas por la misma autoridad divina. En estas excepciones quedan comprendidas tanto una ley promulgada por Dios de dar muerte como la orden expresa dada temporalmente a una persona. Pero, en este caso, quien mata no es la persona que presta sus servicios a la autoridad; es como la espada, instrumento en manos de quien la maneja. De ahí que no quebrantaron, ni mucho menos, el precepto de no matarás los hombres que, movidos por Dios, han llevado a cabo guerras, o los que, investidos de pública autoridad, y ateniéndose a su ley, es decir, según el dominio de la razón más justa, han dado muerte a reos de crímenes (La Ciudad de Dios, libro I, c. 21)

“Algunos hombres grandes y santos, que sabían muy bien que esta muerte que separa el alma del cuerpo no se debe temer; sin embargo, según el parecer de aquellos que la temen, castigaron con la pena de muerte algunos pecados, bien para infundir saludable temor a los vivientes, o porque no dañaría la muerte a los que con ella eran castigados, sino el pecado que podría agravarse si viviesen. No juzgaban desconsideradamente aquellos a quienes el mismo Dios había concedido un tal juicio. De esto depende que Elías mató a muchos, bien con la propia mano, o bien con el fuego, fruto de la impetración divina; lo cual hicieron también otros muchos excelentes y santos varones no inconsideradamente, sino con el mejor espíritu, para atender a las cosas humanas” (El Sermón de la Montaña, c. 20, nº 64).

Inocencio III: exigió a los herejes valdenses que reconocieran, como parte de la fe católica, que:

El poder secular puede sin caer en pecado mortal aplicar la pena de muerte, con tal que proceda en la imposición de la pena sin odio y con juicio, no negligentemente sino con la solicitud debida” (DS 795/425, citado por Avery Dulles, Catholicism and Capital Punishment)

Santo Tomás de Aquino (Doctor de la Iglesia):

“Se prohíbe en el decálogo el homicidio en cuanto implica una injuria, y, así entendido, el precepto contiene la misma razón de la justicia. La ley humana no puede autorizar que lícitamente se dé muerte a un hombre indebidamente. Pero matar a los malhechores, a los enemigos de la república, eso no es cosa indebida. Por tanto, no es contrario al precepto del decálogo, ni tal muerte es el homicidio que se prohíbe en el precepto del decálogo” (Suma Teológica, I-II, q.100, a.8, ad 3).

“Pues toda parte se ordena al todo como lo imperfecto a lo perfecto, y por ello cada parte existe naturalmente para el todo. Y por esto vemos que, si fuera necesaria para la salud de todo el cuerpo humano la amputación de algún miembro, por ejemplo, si está podrido y puede inficionar a los demás, tal amputación sería laudable y saludable. Pues bien: cada persona singular se compara a toda la comunidad como la parte al todo; y, por tanto, si un hombre es peligroso a la sociedad y la corrompe por algún pecado, laudable y saludablemente se le quita la vida para la conservación del bien común; pues, como afirma 1Co 5,6, un poco de levadura corrompe a toda la masa” (Suma Teológica, II-II, q.64, a.2)

“Esta clase de pecadores, de quienes se supone que son más perniciosos para los demás que susceptibles de enmienda, la ley divina y humana prescriben su muerte. Esto, sin embargo, lo sentencia el juez, no por odio hacia ellos, sino por el amor de caridad, que antepone el bien público a la vida de una persona privada (Suma Teológica, II-II, q.25, a.6, ad 2)

San Alfonso María de Ligorio (Doctor de la Iglesia):

“Duda II: Si, y en qué manera, es lícito matar a un malhechor.

Más allá de la legítima defensa, nadie excepto la autoridad pública puede hacerlo lícitamente, y en este caso sólo si se ha respetado el orden de la ley [...] A la autoridad pública se ha dado la potestad de matar a los malhechores, no injustamente, dado que es necesario para la defensa del bien común” (Theologia Moralis)

Es lícito que un hombre sea ejecutado por las autoridades públicas. Hasta es un deber de los príncipes y jueces condenar a la muerte a los que lo merecen, y es el deber de los oficiales de justicia ejecutar la sentencia; es Dios mismo que quiere que sean castigados” (Instrucciones para el pueblo)

Catecismo de Trento:

“Otra forma de matar lícitamente pertenece a las autoridades civiles, a las que se confía el poder de la vida y de la muerte, mediante la aplicación legal y ordenada del castigo de los culpables y la protección de los inocentes. El uso justo de este poder, lejos de ser un crimen de asesinato, es un acto de obediencia suprema al Mandamiento que prohíbe el asesinato”.

Catecismo de San Pío X:

“¿Hay casos en que es lícito quitar la vida al prójimo? Es lícito quitar la vida al prójimo cuando se combate en guerra justa, cuando se ejecuta por orden de la autoridad suprema la condenación a muerte en pena de un delito y, finamente, en caso de necesaria y legítima defensa de la vida contra un injusto agresor” (nº 415)

León XIII:

“Es un hecho común que las leyes divinas, tanto la que se ha propuesto con la luz de la razón tanto la que se promulgó con la escritura divinamente inspirada, prohíben a cualquiera, de modo absoluto, de matar o herir un hombre en ausencia de una razón pública justa, a menos que se vea obligado por necesidad de defender la propia vida (Encíclica Pastoralis Oficii, 12 de septiembre de 1881)

Venerable Pío XII:

“Aun en el caso de que se trate de la ejecución de un condenado a muerte, el Estado no dispone del derecho del individuo a la vida. Entonces está reservado al poder público privar al condenado del «bien» de la vida, en expiación de su falta, después de que, por su crimen, él se ha desposeído de su «derecho» a la vida (Discurso a los participantes en el I Congreso Internacional de Histopatología del Sistema Nervioso, nº 28, 13 de septiembre de 1952)

San Juan Pablo II:

“Es evidente que, precisamente para conseguir todas estas finalidades, la medida y la calidad de la pena deben ser valoradas y decididas atentamente, sin que se deba llegar a la medida extrema de la eliminación del reo salvo en casos de absoluta necesidad, es decir, cuando la defensa de la sociedad no sea posible de otro modo” (Encíclica Evangelium Vitae, nº 56, 25 de marzo de 1995)

Catecismo de la Iglesia Católica:

“A la exigencia de la tutela del bien común corresponde el esfuerzo del Estado para contener la difusión de comportamientos lesivos de los derechos humanos y las normas fundamentales de la convivencia civil. La legítima autoridad pública tiene el derecho y el deber de aplicar penas proporcionadas a la gravedad del delito. La pena tiene, ante todo, la finalidad de reparar el desorden introducido por la culpa. Cuando la pena es aceptada voluntariamente por el culpable, adquiere un valor de expiación. La pena finalmente, además de la defensa del orden público y la tutela de la seguridad de las personas, tiene una finalidad medicinal: en la medida de lo posible, debe contribuir a la enmienda del culpable. La enseñanza tradicional de la Iglesia no excluye, supuesta la plena comprobación de la identidad y de la responsabilidad del culpable, el recurso a la pena de muerte, si esta fuera el único camino posible para defender eficazmente del agresor injusto las vidas humanas. Pero si los medios incruentos bastan para proteger y defender del agresor la seguridad de las personas, la autoridad se limitará a esos medios, porque ellos corresponden mejor a las condiciones concretas del bien común y son más conformes con la dignidad de la persona humana” (nº 2266-2267).

Además de las referidas citas, se podrían citar muchísimas más de Padres y Doctores de la Iglesia, Santos y grandes teólogos -San Juan Cristóstomo, San Gregorio Nacianceno, San Efrén, San Ambrosio, San Hilario de Poitiers, San Roberto Belarmino, San Pío V, Pío XI, Inocencio I, San Dámaso, San Bernardo, San Jerónimo, Santo Tomás Moro, San Francisco de Borja, San Francisco de Sales, Francisco de Vitoria, San Felipe Neri, Francisco Suárez, Beato Duns Scoto, etc.-.

Téngase en cuenta que, además de la licitud moral -y a veces hasta el deber- de la pena de muerte como castigo justo y para protección de la sociedad, también se justifica en orden a la salvación eterna de las almas. Nótese que, de no aplicarse, no sólo estaría en juego la vida terrenal de las futuras víctimas en caso de que los asesinos o traidores -que ponen en riesgo la seguridad de una nación y la vida de sus ciudadanos, al posibilitar a sus enemigos que les ataquen o al fomentar guerras y revoluciones- escaparan de prisión o salieran por otros motivos, sino también la posible salvación eterna de dichas víctimas, que quizás podrían salvarse si muriesen más tarde en otras circunstancias, y al quitarles la vida estos asesinos, quizás se condenen; mientras que a ellos, hasta que les ejecuten, se les da la oportunidad de arrepentirse y salvarse -a sus víctimas no, por lo que pierden su vida y puede que también su alma-. Alguien podría argumentar que éso ya lo tiene previsto la Divina Providencia y que si las víctimas se condenan es por sus propias culpas. Naturalmente, uno siempre se condena por sus propios pecados, pero quizás si un asesino no les hubiese matado podrían haberse arrepentido en el futuro. La Divina Providencia también ha previsto la pena de muerte para evitar que otras víctimas se condenen por las razones expuestas.

Queda, pues, meridianamente claro lo que, tanto el Evangelio, como el Magisterio de la Iglesia, ha enseñado siempre sobre este tema, en contraposición con la errada opinión personal de Bergoglio, que acusa al mismo Cristo -quien, pudiendo y debiendo, no contradijo al buen ladrón-, al Apóstol San Pablo, a los citados Santos y Doctores de la Iglesia, así como a varios Sumos Pontífices, de ser "legalistas" y malos cristianos y de no comprender el Evangelio por su "preocupación por conservar íntegros el poder y las riquezas materiales".

Creyendo y afirmando semejantes disparates, no es sorprendente que Francisco concluya diciendo que "no se puede conservar la doctrina sin hacerla progresar, ni se la puede atar a una lectura rígida e inmutable sin humillar la acción del Espíritu Santo". No hay ningún progreso en afirmar lo contrario de lo que siempre ha afirmado la Iglesia. Lo que hay es una ruptura, por más que se la adorne con bellas palabras y esté acorde con el sentimiento de cierta parte de la sociedad occidental actual -muy sensible con los derechos de los victimarios y muy poco con los de las víctimas pasadas, presentes o futuras-. Además de considerar al Espíritu Santo como una especie de veleta que cambia de dirección arbitrariamente, sin lógica alguna, y que ha permitido errar a la Iglesia durante dos milenios hasta la llegada de Bergoglio al solio pontificio, inspirándole sólo a él -como si se tratara de un médium que recibe mensajes del Más Allá-, lo que ha negado a sus antecesores. Si tal visión no fuera tan grave para el bien de las almas -y por la amenaza de que podría modificar el Catecismo-, sería risible, por lo pueril.

Oremos por Francisco, para que debido a sus pensamientos, palabras, obras y omisiones, habida cuenta de su enorme responsabilidad sobre el destino eterno de miles de millones de almas, no acabe dando de bruces con la suya en las calderas de Pedro Botero.

Véase también:


Y sobre la falsa "evolución" de la doctrina:




La noticia sobre la fuga de los presos invitados a la comilona con Francisco puede leerse aquí, y las citas del Magisterio están tomadas de aquí, que a su vez las ha tomado de aquí.

jueves, 12 de octubre de 2017

Solemnidad de Nuestra Señora del Pilar, Patrona de la Hispanidad, de la Guardia Civil y del Arma Submarina (12 de octubre). Letra del Himno a la Virgen del Pilar compuesta por un catalán y un aragonés

Francisco de Goya - La aparición de la Virgen del Pilar (1775-1785)
En menos de cuatro meses se cumplirá el CV Aniversario de la declaración oficial del Patronazgo de la Virgen del Pilar en la Guardia Civil, que se produjo el 8 de febrero de 1913. También se cumplirá el CV Aniversario de la primera celebración litúrgica como Patrona del Cuerpo. Fue Su Majestad el Rey D. Alfonso XIII quien firmó la Real Orden de 8 de febrero de 1913 (C.L. nº 10, pág. 34) por la que se proclamaba Patrona de la Guardia Civil a la Santísima Virgen María, en su advocación del Pilar, que ya era Patrona de los Guardias Jóvenes, que rezaban ante la imagen de Nuestra Señora del Pilar por los Guardias Civiles, para que les protegiera y librara de la acechanza de los malhechores a quienes persiguen, como explica el número 284 del Boletín Oficial del Cuerpo (1913). Más tarde, al fusionarse los Cuerpos de Carabineros y de la Guardia Civil, el Excmo. y Rvdmo. Sr. Vicario General Castrense confirmó dicho Patronazgo, el 9 de octubre de 1940 (Boletín Oficial del Cuerpo nº 11, pág. 628).

Desde el 3 de octubre de 1913 la Guardia Civil celebra la solemnidad litúrgica como indicaba la Orden General de la Guardia Civil para celebrar la fiesta de su Patrona: "En todos los puestos se vestirá de gala, izándose la bandera en las casas-cuarteles, previa la venia de la autoridad militar de la plaza, donde la haya [...] En las capitales de provincia se costeará una Misa rezada, que se aplicará en sufragio de los compañeros del Cuerpo fallecidos, asistiendo a ella la fuerza franca de servicio, con armas y al mando del jefe de la línea. En Barcelona y Valencia irá la fuerza mandada por el jefe y capitanes de cuartel y subalternos de semana. En éstas y en las demás capitales concurrirán al acto todos los jefes y oficiales, invitando a las autoridades y a los demás cuerpos del Ejército para que puedan designar una comisión que los represente".

Por el fuerte vínculo de la Benemérita con la Virgen del Pilar se quiso dar reconocimiento público a esta unión. El 13 de mayo de 1917, siendo Director General el Teniente General D. Antonio Tovar Marcoleta, se colocó una placa en la basílica del Pilar de Zaragoza, a la izquierda del arco de acceso a la capilla de la Virgen, por la parte de la sacristía, donde se lee: "Los Generales, Jefes, Oficiales y personal de Tropa del Instituto de la Guardia Civil como homenaje a Nuestra Señora la Virgen del Pilar declarada su Excelsa Patrona por Real Orden de 8 de febrero de 1913".

Además, el vínculo entre España y la Virgen del Pilar abarca todas las naciones de América de lengua española, que cada 12 de octubre, al igual que la Benemérita, celebran su Patronato como Reina de la Hispanidad.

Para finalizar, transcribo el Himno a la Virgen del Pilar, único que puede entonar la Guardia Civil fuera de las celebraciones litúrgicas. Fue compuesto en 1908, con letra del sacerdote aragonés P. Florencio Jardiel Dobato (1844-1931) y música del compositor catalán Joan Baptista Lambert i Caminal (1884-1945):

Himno de la Virgen del Pilar (1908)

Virgen Santa, Madre mía
luz hermosa, claro día
que la tierra aragonesa
te dignaste visitar.
Este pueblo que te adora,
de tu amor favor implora
y te aclama y te bendice
abrazado a tu Pilar.
Pilar sagrado, faro esplendente,
rico presente de caridad.
Pilar bendito, trono de gloria,
tú a la victoria nos llevarás.
Cantad, cantad
himnos de honor y de alabanza
a la Virgen del Pilar.

sábado, 7 de octubre de 2017

Santo Rosario rezado por más de un millón de polacos a lo largo de toda la frontera del país para pedir la salvación de Polonia y del mundo entero, en el aniversario de la victoria de la Cristiandad contra los musulmanes en la batalla de Lepanto

El episcopado de Polonia ha hecho un llamamiento a los católicos para que participen en esta multitudinaria celebración mariana que se extenderá a lo largo de toda la frontera del país. El objetivo es que la Santísima Virgen proteja a toda la nación y al mundo entero. En un comunicado de la Conferencia Episcopal Polaca se conmina a seguir el mensaje de Fátima, coincidiendo con el centenario de las apariciones de la Santísima Virgen a los tres pastorcillos portugueses. Además, este rezo también coincide con el primer sábado de mes, tal y como la Santísima Virgen pidió a sor Lucía que se hiciera, y también se celebra el CXL Aniversario de las apariciones de la Virgen en Gietrzwald, las únicas reconocidas en Polonia.
"Oremos juntos: sacerdotes, consagrados, laicos, adultos, jóvenes y niños", han pedido los obispos polacos. En un comunicado, los organizadores han recordado que "el Rosario es un arma poderosa en la lucha contra el mal, tan fuerte que puede cambiar el curso de la historia, y miles de testimonios y milagros documentados demuestran su extraordinaria eficacia [...] María es la Reina de Polonia, nos cuida desde hace generaciones, siempre ha estado con nosotros en los momentos críticos de nuestra historia y estamos ahora con ella [...] si el Rosario es rezado por un millón de polacos en las fronteras del país, no sólo se puede cambiar el curso de los acontecimientos sino que puede abrir los corazones de nuestros compatriotas a la gracia de Dios [...] La oración poderosa del Rosario puede cambiar el destino de Polonia, Europa e incluso el mundo entero. Baste decir que María siempre dirige la petición de oración frecuente del Rosario, en casi todas sus revelaciones [...] a través de esta oración sin precedentes del Rosario queremos mostrar fidelidad y obediencia a María, que nos llama incansablemente a recitar el Rosario. También queremos pedir perdón por toda blasfemia e insulto contra el Inmaculado Corazón de María. Deseamos implorar por la intercesión de la Madre de Dios para salvar a Polonia y al mundo".
No ha sido casualidad la elección de la fiesta de Nuestra Señora del Rosario, en la que se conmemora el triunfo de la Cristiandad contra los infieles musulmanes en la batalla de Lepanto, salvando a Europa. Como se observa en el mapa que aparece sobre estas líneas, cada punto equivale a uno de los lugares de la frontera de Polonia en los que se rezará el Rosario. Rozaniecdogranic.

jueves, 5 de octubre de 2017

Francisco ha manifestado su rechazo y el de la Iglesia a la autodeterminación e independencia de Cataluña

Contrariamente al pronunciamiento y toma de postura de algunos obispos partidarios a la autodeterminación e independencia de Cataluña -y en algunos casos, también promotores-, Francisco y el Secretario de Estado de la Santa Sede, el Cardenal Pietro Parolin, han confirmado la postura de la Iglesia contra la autodeterminación de Cataluña, defendiendo "la legalidad constituida".

El nuevo embajador de España ante la Santa Sede, D. Gerardo Bugallo, ha mantenido una larga y cordial conversación con Francisco y con el secretario de Estado, el cardenal Pietro Parolin, tras la ceremonia de presentación de cartas credenciales del embajador español en el Vaticano, durante el curso de la cual han hablado sobre la situación de Cataluña.

Esta conversación tuvo lugar el pasado lunes 2 de octubre en la biblioteca privada de Francisco, donde, tras la recepción protocolaria, tuvieron una conversación que se prolongó unos veinte minutos. Después de que el embajador español transmitiera los saludos de S. M. el Rey Felipe VI y del Gobierno de España, Bergoglio le reiteró la postura de la Santa Sede, contraria a toda autodeterminación que no esté justificada por un proceso de descolonización, y manifestó el rechazo de la Iglesia a toda actitud que no esté basada en el respeto a la legalidad constituida. Tras este encuentro, el embajador español fue recibido en la Secretaría de Estado por el cardenal Pietro Parolin, con quien también mantuvo una conversación durante media hora, en la que el cardenal se pronunció en el mismo sentido que Francisco. Vida Nueva.

martes, 3 de octubre de 2017

El desvergonzado uso político del Evangelio por parte de los clérigos separatistas que fomentan la rebelión en Cataluña (España)

El desvergonzado uso político del Evangelio y la manipulación del mandato expreso de Nuestro Señor Jesucristo por parte de los separatistas catalanes metidos a clérigos, que fomentan la rebelión en Cataluña (España), ha llegado a unos extremos difícilmente compatibles con la moral católica. No sólo por su xenofobia, contraria a la universalidad de nuestra religión, sino por el constante recurso a la mentira y a la manipulación por parte de estos curas impresentables que anteponen sus ideas políticas al cumplimiento del Decálogo, que, entre otras cosas, prohíbe de forma absoluta dar falso testimonio o mentir.

Me gustaría transcribir lo que, sobre la obediencia a la autoridad y a la Ley -actualmente en España la máxima norma es la Constitución Española-, Nuestro Señor manda explícitamente en el Evangelio:

"Maestro, sabemos que eres veraz y que enseñas el camino de Dios con verdad, sin miedo a nadie, porque no miras a la persona de los hombres. Dinos, pues, lo que piensas: ¿es lícito pagar tributo al César o no?" Mas Jesús, conociendo su malicia, repuso: "Hipócritas, ¿por qué me tentáis? Mostradme la moneda del tributo". Y le presentaron un denario. Preguntóles: "¿De quién es esta figura y la leyenda?" Le respondieron: "del César". Entonces les dijo: "Dad, pues, al César lo que es del César, y a Dios lo que es de Dios". Oyendo esto, quedaron maravillados, y dejándolo se fueron".
Mt 22,16.

Las propias palabras de Nuestro Señor son bien claras, como lo es también lo que, en este sentido, siempre ha transmitido el Magisterio de la Iglesia, de acuerdo con las mismas: Jesús nos enseña a obedecer a las autoridades -que en aquella época y en Tierra Santa eran los emperadores romanos- y pagar los impuestos, porque su poder viene de Dios (ver también Lc 20,25 y Rm 13,1-7).

Por el contrario, estos separatistas catalanes metidos a clérigos no se empachan de repetir, engañando a sus feligreses, que la desobediencia a la Ley y a las autoridades que ellos subjetivamente no consideren como propias -como mucho, tan "poco propias" como los romanos en la Palestina de tiempos de Jesús, no más, y siempre según su ideología separatista-, está permitida y es legítima, siendo, como lo es, totalmente inmoral y contraria a lo mandado por el propio Jesuscristo, Nuestro Señor.
Pues un ejemplo de esta inmoralidad desvergonzada lo hemos visto hoy mismo en televisión, al ser entrevistado en directo el separatista catalán Cinto Busquet Paredes (sobre estas líneas, en una foto tomada durante otro programa), un presunto cura del pueblo de Calella, en la provincia de Barcelona -si es cura, iba disfrazado para no parecerlo-, que esta misma mañana se mostraba encantado con la profanación de una iglesia en una localidad de Tarragona (ver aquí), usada para contar papeletas amañadas de la votación ilegal del pasado domingo, de la que todo el mundo ha visto ya montones de imágenes del fraude, tanto en foto como en vídeo, pues circulan por todo Internet.

Este sujeto fue uno de los minoritarios curas separatistas que firmaron una declaración conjunta contraria a la Ley y a la voluntad de la mayoría de los catalanes (ver aquí), según él porque los separatistas tienen derecho a cometer delitos, como la obstrucción a la justicia -dice que eso son "derechos fundamentales"- y que por eso deben ser respetados. Todo ello, además, escudándose en la Iglesia. Imagínense el argumento que da cuando le preguntan que a qué derechos se refiere:

"Como sacerdote de la Iglesia Católica Romana [por lo visto ya no es "Apostólica"], te tengo que decir que Jesús dijo que el hombre está por encima del sábado, no el sábado encima por el hombre" (sic). Y tras soltar este improcedente fragmento evangélico mal citado, no se le ocurre otra cosa que sostener la legitimidad de cometer delitos porque "Jesús fue ejecutado legalmente" (gracias a Dios, porque sin Su muerte no habría habido Redención). Es decir: para él lo mejor es que los católicos sean ácratas, porque las leyes son malas, así que se pueden incumplir a voluntad, según nos interese. Y a continuación, dice lo siguiente, refiriéndose a la clerigalla separatista, de la que forma parte: "estamos con nuestros obispos", aludiendo a continuación, de forma expresa, al Arzobispado de Barcelona, cuyo titular es Omella. Arzobispado que, durante el día de hoy, ha secundado la falsa "huelga general" independentista, pese a que las huelgas políticas -no las de carácter laboral- son ilegales (ver aquí), para dar así su apoyo al gobierno regional de Cataluña que ha perpetrado un golpe de estado -gobierno regional que en las últimas Elecciones autonómicas ni siquiera obtuvo la mayoría de votos, por lo que tuvo que recurrir al apoyo de radicales de extrema izquierda, anarquistas y antisistema para poder (des)gobernar-.

Pero no es Omella el peor entre los obispos españoles, ni mucho menos: Novell (en la imagen que abre esta entrada) dio un espectáculo lamentable al promocionar, y colaborar con, la comisión de varios delitos -entre ellos el de sedición, primero, y el de rebelión más tarde- (ver aquí y aquí).
Y también tenemos a un tal "Jaume Pujol" (en realidad, fue bautizado como "Jaime Pujol"), que en Twitter se autodenomina como "arzobispo, presidente" de una inexistente "conferencia episcopal tarraconense" -jamás ha existido, hasta la actualidad, tal cosa-, por lo cual está engañando a la gente públicamente al presentarse como tal (ver aquí).

Para calificar a estos impresentables (sobre cuyo futuro inmediato la Santa Sede debería tomar medidas urgentes -que dudo que tome-, como mínimo por ir contra el bien común y promocionar la rebelión), contamos con varios Arzobispos y Obispos católicos, comenzando por el Primado de España, del que ya di cuenta (ver aquí); el Arzobispo de Oviedo, que ha recordado que "defender la secesión con mentiras, insidias, corrupción y violencia es inmoral y es pecado" (ver aquí); o el Obispo de San Sebastián, que ha dicho que "el callejón en el que se encuentra Cataluña no sólo es ilegal sino profundamente inmoral" (ver aquí).

Finalmente, y sobre todo a los lectores de otros países que no conocen y/o comprenden la situación actual de España, aparte del Agit-prop fomentado y difundido por el gobierno regional de Cataluña (con dinero de todos los españoles, dicho sea de paso, lo cual constituye el delito -otro más- de malversación de fondos) y la posición de la Iglesia al respecto, recomiendo el siguiente artículo del P. José María Iraburu, un poco largo, pero que merece la pena leer: La Iglesia y la unidad nacional de España.

sábado, 30 de septiembre de 2017

El Cardenal Burke vuelve al Supremo Tribunal de la Signatura Apostólica por decisión de Francisco, según ha informado la Santa Sede

El Boletín de la Sala de Prensa de la Santa Sede de hoy, 30 de septiembre de 2017, informa de forma escueta, en el apartado de "Renuncias y nombramientos", sobre el nombramiento de nuevos miembros del Supremo Tribunal de la Signatura Apostólica, entre los que Francisco ha incluido a S. E. R. Raymond Leo S.R.E. Card. Burke, ex Prefecto de dicho Tribunal, del que fue destituido por el mismo Francisco hace casi tres años, el 8 de noviembre de 2014 (ver aquí).

De esta forma, el Cardenal Burke, uno de los cuatro cardenales que enviaron las dubia (ver aquí) a Francisco sobre "Amoris laetitia" (ver aquí), de los dos que aún quedan vivos, volvería al Supremo Tribunal de la Signatura Apostólica, aunque esta vez en calidad de simple miembro.

Como se observa en la captura de pantalla sobre estas líneas, así lo recoge el Bollettino en su versión en español (el color rojo es mío):

Nombramiento de miembros del Tribunal Supremo de la Signatura Apostólica

El Santo Padre ha incluido entre los miembros del Tribunal Supremo de la Signatura Apostólica a los Eminentísimos Señores Cardinales Agostino Vallini, Edoardo Menichelli, y Raymond Leo Burke y a los Excelentísimo Monseñores Frans Daneels, Johannes Willibrordus Maria Hendriks.

El obispo de Versalles erige la quinta Parroquia Personal dedicada al Rito Romano tradicional en Francia

El P. Renaud de La Motte, capellán de Nuestra Señora de los Ejércitos (Notre-Dame des Armées) en Versalles, perteneciente a la Archidiócesis de París (Francia), anuncia en su boletín del mes de octubre (ver aquí) que S. E. Mons. Éric Aumonier, obispo de Versailles, ha decidido erigir dicha capilla como Parroquia Personal el próximo el 1 de diciembre, haciéndose cargo como párroco el propio P. de La Motte. La ceremonia de instalación tendrá lugar el próximo domingo 10 de diciembre a las 10:30 horas. Después de Toulon (St-François de Paule), Burdeos (San Elías), Estrasburgo (La Cruz-Gloriosa) y Blois (Santos Apóstoles), esta es la quinta Parroquia Personal dedicada a la Forma Extraordinaria del Rito Romano en Francia -recordemos que en España, diez años después de la entrada en vigor del motu proprio "Summorum Pontificum", de S. S. Benedicto PP. XVI,  aún no hay ninguna Parroquia Personal dedicada exclusivamente al Rito Romano tradicional-.

jueves, 28 de septiembre de 2017

El Primado de España pide a los separatistas catalanes pertenecientes al clero, que firmaron una declaración independentista «en sintonía con sus obispos», que se callen y dejen de alentar la comisión de delitos

S. E. R. Mons. Braulio Rodríguez, Arzobispo de Toledo y Primado de España, ha pedido a los escasos 200 y pico separatistas catalanes que pertenecen al clero -en Cataluña hay 2.190 sacerdotes y religiosos según el último nomenclátor de la Conferencia Episcopal Española-, que recientemente firmaron una declaración conjunta contraria a la Ley y a la voluntad de más de la mitad de los catalanes, que no dividan a los católicos. Concretamente, les ha pedido permanecer «razonablemente callados y no emitir opiniones que van un poco más allá de la política». Lo ha manifestado al ser preguntado sobre el tema en la sede del Seminario Conciliar en Toledo, donde se estaba celebrando la apertura oficial del curso académico 2017-2018.

Dichos separatistas, que además pertenecen al clero, dicen actuar «en sintonía con nuestros obispos», refiriéndose a los obispos españoles a cargo de las diócesis de la región de Cataluña, pese a que éstos, ante las intenciones de la minoría separatista, se pronunciaron hace pocos días para pedir «que la sensatez y el deseo de ser justos y fraternos nos guíe a todos». El único representante del episcopado español de Cataluña que apoya abierta y públicamente las pretensiones delictivas de los separatistas es Xavier Novell, al frente de la diócesis de Solsona (provincia de Lérida, España).

Nótese que dicha declaración, además de promover la comisión de un delito, vulnera el Código de Derecho Canónico, por lo que el Gobierno de España ha formalizado una protesta ante la Santa Sede por la actitud de estos separatistas consagrados. Tras difundirse el comunicado, el embajador español ante la Santa Sede, Gerardo Bugallo, aprovechó una recepción en la Embajada estadounidense en Roma para entregar en mano al cardenal Pietro Parolin, secretario de Estado vaticano, una nota verbal de protesta (ver aquí).

Téngase en cuenta, además, que ya en 2006 la Conferencia Episcopal Español se pronunció contra la ruptura de la unidad de España, declarando que no era «moralmente aceptable la secesión».

Según recoge ReL (ver aquí), el Primado de España, que afirmó que el hecho de que [los separatistas del clero] den su opinión sobre este tema puede provocar que «dividan un poco a los miembros de la Iglesia», también dijo que en el caso de que dichos separatistas -que además son curas o religiosos- digan que esos «son los problemas que están viviendo sus fieles», en el resto de España «los demás fieles también estamos sufriendo lo mismo. Es que ese es el tema [...] Parece como si eso fuera una cosa que sucede allí en el nordeste de España que es Cataluña y que los demás estemos en un plácido existir». Asimismo, subrayó que en el resto de España «también tenemos esas dificultades y tenemos también, pues, muchas cosas que entre todos tenemos que ir resolviendo y no separarnos de un todo más grande».

martes, 26 de septiembre de 2017

Respuesta de la Santa Sede a la "Corrección filial al Papa Francisco por la propagación de herejías"

La Santa Sede ha respondido, de forma completamente deshonesta -cuando no mintiendo descaradamente- a la Carta de Corrección filial al Papa Francisco por la propagación de herejías (CORRECTIO FILIALIS DE HAERESIBUS PROPAGATIS), firmada por decenas de clérigos, teólogos y académicos de numerosos países (ver aquí), a través de unas declaraciones efectuadas a la agencia de noticias ANSA ("ANSA Latina" en su versión en español, con sede en... ¡Buenos Aires!), que titula y subtitula dicha información, publicada ayer, 25 de septiembre, de la siguiente manera: "Computadoras cerradas a denuncia de herejía. Signatarios sin competencia teológica".

Dicho título hace referencia a la primera reacción que tuvo la Santa Sede tras hacerse público el mencionado documento: ante la imposibilidad de censurar dicha Carta en todo el mundo para que no la pudiera leer nadie, y mucho menos adherirse a ella firmándola -desde que la mayor parte de la población tiene acceso a Internet, es muy difícil ponerle puertas al campo-, lo que ha hecho es impedir que se pueda acceder a firmar dicha carta desde ningún ordenador de la Ciudad del Vaticano. En cuanto al subtítulo, es totalmente falso: los signatarios tienen competencia académica y teológica más que sobrada para escribir dicha carta, como veremos más adelante.

Como dato complementario, téngase en cuenta que desde el pasado 21 de septiembre todas las comunicaciones de la Santa Sede están en manos de la Compañía de Jesús (los jesuitas, vamos; la misma orden cuyo superior niega la historicidad, y por tanto la veracidad, de los Santos Evangelios porque "no había grabadoras" en época de Jesús), como confirmaron ellos mismos a través de Radio Vaticano (ver aquí). A buen entendedor, pocas palabras bastan.

Aquí transcribo algunas de las barbaridades afirmaciones -varias de ellas falsas-, tal como las publica la ya mencionada agencia de noticias, con mis comentarios en rojo:

"(ANSA) - CIUDAD DEL VATICANO, 25 SET - La petición de tradicionalistas y lefrebvianos [sic] que acusa al papa Francisco de herejía puede leerse en las computadoras públicas del Vaticano pero si alguien desea adherir a la iniciativa deberá "firmarla" desde otro equipo que no tenga una dirección IP de la Santa Sede...".

Vamos, que reconoce la censura. Eso sí, trata de engañar -que es lo mismo que mentir-: ni los firmantes son tradicionalistas -si hay algunos, gracias-, ni mucho menos lefebvrianos -que sólo hay 2 entre los firmantes-.

"...el Vaticano, sin querer, llamó hoy la atención sobre una cuestión hasta ahora descuidada: ¿quiénes firmaron la petición que acusa al pontífice y a toda la asamblea de obispos católicos de herejía?".

Ni esta carta de corrección, ni ninguna otra similar (ha habido varias desde que comenzaron los Sínodos ordinario y extraorinario de la Familia), ha acusado jamás a "toda la asamblea de obispos" de nada, por la sencilla razón de que "toda la asamblea de obispos" rechazó en votación los puntos polémicos que se debatieron en el sínodo (ver aquí) y que después Francisco incluyó en "Amoris laetitia".

"Comprender quiénes firmaron significa evaluar los fundamentos y la sensatez de las acusaciones. Y tener algún elemento sobre el momento de la publicación".

La sensatez de lo expuesto deriva del propio contenido de la carta y no de quiénes la hayan redactado o subscrito. La verdad es la verdad, la diga Agamenón o su porquero.

"El primer signatario es un psicólogo y periodista holandés, el segundo un jurista estadounidense jubilado, sigue un sacerdote diocesano y la lista prosigue en esta línea".

Eso es, simplemente, mentira. Aquí pueden leer, por orden alfabético, el nombre y título/puesto de casi medio centenar de firmantes -y siguen aumentando-, que son rectores de seminarios, rectores de universidades, académicos, catedráticos, profesores e investigadores universitarios, casi todos de Facultades de Teología, Filosofía e Historia de la Iglesia -hay también de otras materias-, muchos de ellos de Universidades Pontificias (incluyendo el 'Seraficum'). Y la lista sigue creciendo, pues ya van setenta y nueve (79) firmas -he excluido a los que son "simples curas o párrocos", que además son minoría- [NOTA: los signatarios han pasado, en cuestión de pocas horas, entre el 26 y 27 de septiembre, de 79 a casi 147]:
  1. Prof. Jean Barbey, Historiador y Jurista, Catedrático emérito de la Universidad de Maine (EE.UU.)
  2. Philip M. Beattie, Profesor adjunto de la Universidad de Malta (Malta).
  3. Dr. Philip Blosser, Catedrático de Filosofía del Seminario Mayor del Sagrado Corazón de la Archidiócesis de Detroit (EE.UU.).
  4. Prof. Mario Caponnetto, Catedrático universitario, Mar del Plata (Argentina)
  5. Salvatore J. Ciresi, Director del Grupo Bíblico San Jerónimo y Profesor de la Escuela de Graduados Notre Dame de la Universidad Christendom, Washington, D.C. (EE.UU.).
  6. Prof. Matteo D’Amico, Catedrático de Historia y Filosofía, Instituto de Enseñanza Secundaria de Ancona (Italia).
  7. Dra. Chiara Dolce, Doctora Investigadora en Filosofía Moral de la Universidad de Cagliari, Cerdeña (Italia).
  8. Petr Dvorak, Jefe del Departmento de Estudios del Pensamiento Antiguo y Medieval del Instituto de Filosofía de la Academia Checa de Ciencias, Praga; y Catedrático de Filosofía de la Facultad de Teología de los Santos Cirilo y Metodio de la Universidad Palacky, en Olomouc (República Checa).
  9. Christopher Ferrara, Fundador Presidente de la Asociación Americana de Juristas Católicos.
  10. Prof. Michele Gaslini, Catedrático de Derecho Civil de la Universidad de Udine (Italia).
  11. Prof. Corrado Gnerre, Catedrático del Instituto Superior de Ciencias Religiosas de Benevento, de la Pontificia Universidad de Teología del Sur de Italia.
  12. Dr. Ettore Gotti Tedeschi, ex Presidente del Instituto para las Obras de Religión (IOR) y Catedrático de Ética de la Universidad Católica del Sagrado Corazón de Milán (Italia).
  13. Dr. Maria Guarini, Licenciada en Sagrada Teología por la Pontificia Facultad de Teología de San Buenaventura (Seraphicum) de Roma; Editora del sitio "Chiesa e postconcilio".
  14. Prof. Robert Hickson, Catedrático emérito de Literatura y de Estudios Estratégico-Culturales.
  15. P. John Hunwicke, ex Investigador Principal, Pusey House, Oxford (Reino Unido).
  16. Prof. Isebaert Lambert, Profesor Titular de la Universidad Católica de Lovaina (Bélgica).
  17. P. Serafino M. Lanzetta, Profesor de Teología Dogmática de la Facultad de Teología de Lugano (Suiza).
  18. Prof. Massimo de Leonardis, Catedrático y Director del Departamento de Ciencias Políticas de la Universidad Católica del Sagrado Corazón de Milán (Italia).
  19. Mons. Prof. Antonio Livi, Académico de la Santa Sede; Deán emérito de la Pontificia Universidad Lateranense y Vicerrector de la iglesia de San Andrés en Via Flaminia, Roma (Italia).
  20. Dr. Carlo Manetti, Catedrático en varias Universidades privadas de Italia.
  21. Prof. Pietro De Marco, Catedrático emérito de la Universidad de Florencia (Italia).
  22. Prof. Roberto de Mattei, Catedrático emérito de Historia de la Cristiandad en la Universidad Europea de Roma (Italia) y ex Vicepresidente del Consejo Nacional de Investigación (CNR).
  23. P. Cor Mennen, Profesor de Derecho Canónico del Seminario Mayor de la diócesis de ‘s-Hertogenbosch (Países Bajos); Canónigo Catedralicio de la misma diócesis.
  24. Prof. Stéphane Mercier, Profesor de Filosofía de la Universidad Católica de Lovaina (Bélgica).
  25. Martin Mosebach, Escritor y Ensayista.
  26. Prof. Lukas Novak, Profesor de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Charles de Praga (República Checa).
  27. Prof. Paolo Pasqualucci, Catedrático emérito de Filosofía de la Universidad de Perugia (Italia).
  28. Prof. Claudio Pierantoni, Catedrático de Filosofía Medieval de la Facultad de Filosofía de la Universidad de Chile y ex Catedrático de Historia de la Iglesia y Patrolofía en la Facultad de Teología de la Pontificia Universidad Católica de Chile.
  29. Prof. Enrico Maria Radaelli, Filósofo y editor de la obra de Romano Amerio.
  30. Dr. John Rao, Profesor adjunto de Historia en la Universidad de San Juan de Nueva York (EE.UU.).
  31. Dr. Carlo Regazzoni, Licenciado en Filosofía de la Universidad de Friburgo (Suiza).
  32. Dr. Giuseppe Reguzzoni, Investigador externo en la Universidad Católica de Milán (Italia) y ex asistente editorial de Communio, International Catholic Review (edición italiana).
  33. Prof. Arkadiusz Robaczewski, Catedrático emérito de la Universidad Católica de Lublin (Polonia).
  34. P. Settimio M. Sancioni, Licenciado en Ciencias Bíblicas.
  35. Prof. Andrea Sandri, Investigador asociado de la Universidad Católica del Sagrado Corazón de Milán (Italia).
  36. Dr. Joseph Shaw, Tutor de Filosofía Moral en el St Benet's Hall, Universidad de Oxford (Reino Unido).
  37. P. Paolo M. Siano, Doctor en Historia Eclesiástica.
  38. Dra. Cristina Siccardi, Historiadora de la Iglesia.
  39. Dra. Anna Silvas, Investigadora adjunta de la Universidad de Nueva Inglaterra, Nueva Gales del Sur (Australia).
  40. Prof. Dr Thomas Stark, Profesor de Filosofía y Teología de la Universidad de Filosofía y Teología Benedicto XVI de Heiligenkreuz (Austria).
  41. Prof. Giovanni Turco, Profesor adjunto de Filosofía del Derecho Civil de la Universidad de Udine (Italia), Miembro Corresponsal de la Pontificia Academia de Santo Tomás de Aquino.
  42. Prof. Arnaldo Vidigal Xavier da Silveira, Catedrático emérito de la Pontificia Universidad de São Paulo (Brazil).
  43. Mons. José Luiz Villac, Ex Rector del Seminario de Jacarezinho (Brasil).
  44. S. E. Mons. Rene Henry Gracida, Obispo emérito de la diócesis de Corpus Christi, Texas (EE.UU.).
  45. Dr. Riccardo Calzavara, Catedrático.
  46. Dr. Riccardo Cavalli, Catedrático.
  47. P. Andrew Pinsent, Director del Centro Ian Ramsey de Ciencia y Religión de Oxford (Reino Unido).
  48. Prof. Leonardo Schwinden, Catedrático de Filosofía de la Universidad Federal de Santa Catarina (Portugal).
"Se suman otros curas diocesanos de diversos países".

Y no sólo curas: además de Mons. Fellay, también firma otro obispo: el emérito de la diócesis de Corpus Christi.

"El grupo inicial de firmantes no tiene ninguna competencia ni título para dirigir al sumo pontífice y a los obispos reunidos en sínodo acusaciones tan graves como la de herejía".

Otra mentira. El grupo de firmantes incluye a casi todos los anteriormente citados, que tienen más competencia académica, y no digamos honestidad moral, que los coriferos portavoces papales (que además de realizar sólo ataques ad hominem, por lo visto desconocen el Código de Derecho Canónico -o fingen no conocerlo-, que en su canon 212:2-3 reconoce tal derecho -y deber- a cualquier fiel, aunque fuere un iletrado). En cuanto a la segunda afirmación, ya se ha demostrado su falsedad (ver más arriba): los obispos reunidos en la asamblea del Sínodo rechazaron con su voto los puntos que posteriormente Francisco, por propia voluntad, quiso meter -y metió- en "Amoris laetitia" (muchos de ellos escritos por su íntimo amigo "Tucho" Fernández años antes de los sínodos de 2014 y 2015, y éste sí que no tiene ni competencia ni título alguno para imponer a toda la Iglesia sus heterodoxas ideas).

"Tal vez ni siquiera un consejo estaría legitimado para acusar a Bergoglio y al sínodo de obispos de lo que la petición llama 'propagación de algunas herejías desarrolladas a través de la exhortación apostólica 'Amoris laetitia' y mediante otras palabras, actos y omisiones de Su Santidad'".

Tercera vez que se repite la mentira de que las partes heterodoxas recogidas en "Amoris laetitia" se deben a la aprobación de las mismas por parte del sínodo de los obispos, que en realidad las rechazó por votación. Las partes escritas hace años por "Tucho" Fernández que son fruto de la polémica, sólo fueron incluidas en "Amoris laetitia" (como la posibilidad de administrar sacrílegamente los Sacramentos a los adúlteros, que aparece de forma sibilina como nota al pie), por expresa voluntad de Francisco.

"...diversos puntos de la exhortación apostólica "Amoris laetitia", que Francisco escribió después de la celebración de los dos sínodos dedicados a la familia".

Está demostrado desde hace bastante tiempo que muchas de las partes no las escribió Francisco -aunque esté de acuerdo con ellas-, sino "Tucho" Fernández, años antes de ambos sínodos -sus palabras se han copiado casi literalmente-.

"La petición asume como elementos heréticos incluso las intervenciones de los obispos o conferencias episcopales en favor de esta línea e indica como culpables de tal deriva también a un par de cardenales, entre ellos Christoph Schoenborn y Kevin Farrell, por otra parte, criticando el nombramiento de este último como prefecto del nuevo Dicasterio para los Laicos y la Familia".

Por una vez dice la verdad: ciertos obispos y resoluciones de algunas -poquísimas, gracias a Dios- Conferencias Episcopales, como la simoníaca Conferencia Episcopal Alemana o la de Malta, han incurrido en herejía y hasta en los anatemas (excomunión), proclamados solemnemente por el Sacrosanto y Ecuménico Concilio de Trento (dogmático).

"Por su parte, Bergoglio no respondió a sus acusadores de herejía y sigue adelante, con serenidad, su camino confirmando su línea orientada a la misericordia con diversas medidas, entre ellas, la reciente refundación del Instituto Giovanni Paolo II para los estudios sobre el matrimonio y la familia, anunciada la semana pasada".

Esto también es verdad: Francisco sigue con su agenda, y después de él... el diluvio, como suele decirse. Aquí se aclara, para quien tuviera dudas, por qué se eliminó el Instituto Juan Pablo II de Estudios sobre el Matrimonio y la Familia y se ha creado uno nuevo con un nombre similar, pero con intenciones completamente contrarias al anterior: para adaptarlo a "Amoris laetitia" (ver aquí). Lo pueden decir más alto, pero no más claro.

domingo, 24 de septiembre de 2017

Publicada hoy la Carta de CORRECCIÓN FILIAL AL PAPA FRANCISCO POR LA PROPAGACIÓN DE HEREJÍAS (CORRECTIO FILIALIS DE HAERESIBUS PROPAGATIS) firmada por decenas de Clérigos, Teólogos y Académicos de 20 países

No hay precedentes de algo similar en toda la Historia de la Iglesia. Una carta de veinticinco páginas (28 la versión en español), firmada por 40 clérigos católicos y académicos laicos, firmada el pasado 16 de julio de 2017, fiesta de la Virgen del Carmen, ha sido enviada al Papa Francisco el pasado 11 de agosto. Como no se ha recibido respuesta de parte del Santo Padre, el documento se hace público hoy, 24 de septiembre de 2017, fiesta de la Virgen de la Merced y de la Virgen de Walsingham. La carta, que sigue abierta para nuevos firmantes, lleva ahora los nombres de 62 clérigos y académicos de 20 países, también representando a otros que carecen de la necesaria libertad de expresión. Tiene un título latino: ‘Correctio filialis de haeresibus propagatis’ (literalmente, ‘Una corrección filial con respecto a la propagación de herejías’). Afirma que el Papa, a través de su exhortación apostólica Amoris laetitia, como también por otras palabras, actos y omisiones que se le relacionan, ha sostenido siete posturas heréticas en referencia al matrimonio, la vida moral y la recepción de los sacramentos, y ha provocado que estas opiniones heréticas se propaguen en la Iglesia Católica. Estas siete herejías son expresadas por los firmantes en latín, la lengua oficial de la Iglesia.

Esta carta de corrección tiene tres partes principales. En la primera parte, los firmantes explican por qué, como creyentes católicos y practicantes, tienen el derecho y el deber de emitir dicha corrección al Sumo Pontífice. La ley de la Iglesia requiere que las personas competentes rompan el silencio cuando los pastores de la Iglesia están desviando al rebaño. Esto no implica conflicto alguno con el dogma católico de la infalibilidad papal, teniendo en consideración que la Iglesia enseña que el papa debe cumplir criterios estrictos antes de que sus declaraciones puedan ser consideradas infalibles. El Papa Francisco no ha cumplido con estos criterios. No ha declarado que estas posturas heréticas sean enseñanzas definitivas de la Iglesia, ni aseverado que los católicos deben creer en ellas con el asentimiento propio de la fe. La Iglesia enseña que ningún Papa puede declarar que Dios le ha revelado alguna nueva verdad, que debería ser creída obligatoriamente por los católicos.

La segunda parte de la carta es la fundamental, puesto que contiene la “Corrección” propiamente tal. Enumera los pasajes de Amoris laetitia en los que se insinúan o alientan posturas heréticas, y luego enumera las palabras, actos y omisiones del Papa Francisco que evidencian, más allá de cualquier duda razonable, que él desea que los católicos interpreten estos pasajes de una manera que es, de hecho, herética. En particular, el Papa, de manera directa o indirecta, ha apoyado la creencia de que la obediencia a la Ley de Dios puede ser imposible o indeseable, y que las Iglesia debiera, a veces, aceptar el adulterio como un comportamiento compatible con la vida de un católico practicante.

La última parte, llamada “Dilucidación”, discute dos causas de esta singular crisis. Una de ellas es el ‘Modernismo’. Teológicamente hablando, el Modernismo es la creencia de que Dios no le ha entregado verdades definitivas a la Iglesia, que ésta debiera continuar enseñando, exactamente en el mismo sentido, hasta el final de los tiempos. Los modernistas sostienen que Dios comunica a la humanidad sólo experiencias sobre las cuales los seres humanos pueden reflexionar, de tal manera que realicen diferentes aserciones sobre Dios, la vida y la religión; pero estas declaraciones son sólo provisionales, nunca dogmas inamovibles. El Modernismo fue condenado por el Papa San Pío X al comienzo del siglo XX, pero renació a mediados de la centuria. La gran y continua confusión que el Modernismo ha causado en la Iglesia Católica, obliga a los firmantes a describir el verdadero significado de “fe”, “herejía”, “revelación” y “magisterio”.

Una segunda causa de la crisis es la aparente influencia de las ideas de Martín Lutero en el Papa Francisco. La carta muestra como Lutero, fundador del Protestantismo, tenía ideas sobre el matrimonio, el divorcio, el perdón y la ley divina que se corresponden con aquellas que el Papa ha promovido mediante sus palabras, actos y omisiones. También destaca el elogio explícito y sin precedentes que el Papa Francisco ha dedicado al heresiarca alemán.

Los firmantes no osan juzgar el grado de conciencia con el cual el Papa Francisco ha propagado las siete herejías que enumeran; pero insisten, respetuosamente, en que condene estas herejías, las cuales ha sostenido de manera directa o indirecta.

Los firmantes profesan su lealtad a la Santa Iglesia Católica, garantizan al Papa sus oraciones y solicitan su bendición apostólica.

Puede leerse la carta completa en español en el siguiente enlace: Correctio filialis.

La lista de personas que ya se han adherido y firmado la carta puede verse en el siguiente enlace: Signatarios.

martes, 19 de septiembre de 2017

Francisco suprime por decreto el Pontificio Instituto Juan Pablo II para Estudios sobre Matrimonio y Familia mediante el nuevo motu proprio "Summa Familiae Cura" para adaptarlo a "Amoris laetitia"

Francisco ha suprimido por decreto el Pontificio Instituto Juan Pablo II para Estudios sobre Matrimonio y Familia, fundado en 1981. Lo ha hecho a través de un nuevo motu proprio: "Summa Familiae Cura", que establece, en sustitución del anterior, la creación del Pontificio Instituto Teológico Juan Pablo II para las Ciencias del Matrimonio y de la Familia, con la finalidad de adaptarlo a lo establecido en el motu proprio "Amoris laetitia". Curiosamente, este nuevo motu proprio habla de "sinodalidad", pero el documento en sí mismo es todo lo contrario a la misma, pues es éso: un decreto, decidido única y exclusivamente por Francisco, sin consultar a nadie. Además, en él se habla de los sínodos de la familia, pero no se dice nada sobre el hecho de que los puntos heterodoxos reflejados en "Amoris laetitia" -como el caso de la Comunión a los adúlteros- fueron rechazados por los Padres sinodales en las votaciones (ver aquí).

lunes, 18 de septiembre de 2017

Asistencia masiva a la solemne Santa Misa en el Rito Dominico antiguo oficiada en Roma como colofón de la VI Peregrinación Internacional "Populus Summorum Pontificum" (reportaje fotográfico)

Finalmente, ayer, 17 de septiembre, XV Domingo después de Pentecostés -y fiesta de la Impresión de las Sagradas Llagas de San Francisco-, como conclusión de la VI Peregrinación Internacional "Populus Summorum Pontificum", el P. Dominique-Marie de Saint-Laumer, Prior General de la Fraternidad de San Vincente Ferrer, ofició a las 11:00 horas la solemne Santa Misa en el Rito Dominico antiguo, en la Parroquia Personal de la Santísima Trinidad de los Peregrinos de Roma, a cargo de la Fraternidad Sacerdotal de San Pedro, abarrotada de fieles, como se puede observar en las fotografías. Entre otros, asistió en coro el Rvdmo. Dom Jean Pateau, O.S.B., Abad de Notre-Dame de Fontgombault -primero por la derecha en la cuarta fotografía-. Fotos: MiL.